El sol de medianoche
Dejó de ser un sueño y pasó a ser real. Ese fue mi primer pensamiento mientras me senté en un banco de madera en la plaza principal de Bergen. Con mis pies cansados del andar, y mi espalda agotada de cargar la mochila, opte tan solo por pasar un buen rato sentada en silencio para reflexionar y contemplar la ciudad nórdica que se mostraba visible en su máximo esplendor ante mis ojos. Un regalo divino el poder apreciar el arte del paisaje. El sol apuntó directamente hacia mi persona, y sentí sobre mi piel los rayos que iluminaron cada pequeño poro, y como una suave brisa acarició mi rostro. Lo percibí como su manera de dar una cálida bienvenida a una pequeña turista que vino desde muy lejos a verlo renacer cada día de verano. Curioso se me hizo pensar que la noche nunca llega al final, es como esperar algo que sabes que no va a llegar pero sin embargo lo esperas con ansias. Por un momento aparte mi vista tan solo unos segundos del sol para observar el reloj y me di cuent...